Y EMPEZAMOS CON ESTO...
Quiero y estoy dispuesto a hacer un compromiso conmigo mismo, primero porque creo que no estoy haciendo las cosas bien, y en segundo lugar porque estoy enamorado profundamente, y porque aquella personita que corresponde este hermoso sentimiento es lo más importante en el mundo para mi y porque deseo que sea feliz a mi lado. Lo digo seriamente, pero no es para complicarse. Simplemente debo reconocer que ella siempre tiene la razón (y de verdad no sé como lo hace, pero siempre la tiene) y que deseo aprender a ver la vida con otros ojos, quiero disfrutar de mi vida y de mi vida con aquella princesa (que es aún mejor), porque así lo decidí cuando la conocí y me enamoré perdidamente.
Hoy, mientras leía una nota en el periodico, "me cayo el veinte" o al menos empezó a caerse el velo que aun mantenía sobre mis ojos. Una joven de 18 años embarazada, le diagnostican un cáncer terminal y todo lo que pide de la vida que le queda se reduce al simple hecho de conocer a su futuro hijo e inicia una carrera contra el tiempo y contra la muerte para lograr concretar ese momento. Tiene sólo 18 años, uno podría pensar, toda una vida por delante, pero no es así.
Por otro lado, veo a Simonne (una clienta de aquí del Internet), sumamente entusiasmada y contenta porque se aproxima a celebrar sus 57 años y quiere tirar la casa por la ventana. Y yo que me siento viejo a veces con menos, y ella sólo espera vivir al maximo la edad que para muchos es la mejor, la que más se disfruta, o al menos se disfruta de mejor manera.
Mi compromiso hoy es primero conmigo mismo, a vivir la vida con ojos más felices, tratando de encontrar lo positivo, pensando que sobre aquellas nubes negras de lluvia, está el sol brillando a todo lo que da y que las nubes no son otra cosa que el velo que tenemos todos y que muchas veces nos impide ver lo que realmente está presente allí en nuestras vidas, pero escondido detrás de un corazón oscuro, como nubes de lluvia, que no dejan pasar lo luminoso del alma.
Pero también mi compromiso va porque quiero irradiar esa fuerza interior, esa alegría y ganas de vivir a aquellos que me rodean, porque cuesta tanto entender que la vida es una sola y que compartida con alegría se vive y se disfruta más, porque qué mejor que pasar los días con alegría y echarse los problemas al bolsillo (sin olvidarlos, pero sabiendo cómo tratarlos sin aproblemarse más de la cuenta). Cualquiera estará de acuerdo conmigo que es más dulce el amor, al odio; una pastel de chocolate (pero con splenda), a complicarse porque las cosas resultan; a entregar una sonrisa esperando contagiarla entre quienes te rodean, a entregar malas caras, regalar malos ratos o hacer rabiar al otro. El mundo sería mejor si todos tuviésemos una sonrisa para regalar en momentos de tensión o pena.

