Como tomar café para la ausencia
Siéntese en un cojín o en una silla, tratando de aparentar indiferencia y que el humo de la ausencia no se pierda.
Pídase a una mesera, de preferencia bonita, un café americano o un café con leche sin azúcar o un frappé de cortesía, y mientras espera saque una carta o una tarjeta postal, un libro de historia o un cuento de Borges o cualquier otra cosa que sugiera intelectualidad, o bien discrepancia con la economía reinante.
Cuando llegue el café dése las gracias con una sonrisa que simule saber la hora exactamente, déjese el libro a un lado y, acto seguido, obsérvese el café con atención y pasee los dedos alrededor del vaso frío o bien respírese el aroma del divino líquido procurando no atragantarse con el recuerdo del mismo olor en la piel de una mujer.
Bébase entonces sorbo a sorbo con los ojos cerrados y sin gesticular, si la lengua arde o los dientes tiemblan, bébase inmediatamente sin respirar en el proceso, intentando embriagar la muerte, besando el borde del vaso, golpeando la soledad con sorbos llenos de miedo.
Y cuando se llegue al último sorbo, apúrese éste con la ilusión de que es veneno, estréllese el vaso contra el piso y con uno de los trozos ábranse las venas, teniendo cuidado de no manchar la ropa y llórese dulcemente con el rostro entre las manos procurando que la sangre se mezcle con el llanto, pues sólo el llanto con sangre cura la ausencia y sólo la muerte cura la lenta muerte de la espera.
Síganse estos pasos sólo en caso de ausencia infinita y sólo si se sabe que ella no vendrá más nunca, pues, si está a su lado, es posible que no se necesite del café.



